Vuelven a mi memoria frases curtidas en mis recuerdos de sufrimientos anteriores animando a mi selección.
Vuelven mi fantasmas una vez más a minar mi optimismo y a matar mis esperanzas de ver a mi país ganando la copa de un mundial de fútbol.
Tenía que ser Francia…
En realidad, esta mañana, en los previos del partido de octavos de final España-Francia, Carlotus intentaba proteger su ego y el nuestro con bocaditos de realidad (Reality Bites) y se esforzaba por hacernos ver que nuestras esperanzas y nuestro optimismo eran fundados. Nunca más cerca de la realidad.
Pero nosotros, los optimistas desinformados, nos aferrábamos a nuestros deseos de victoria y megalómanos nos lanzábamos a la lujuria futbolística de la conquista de un mundial que en realidad estaba y está fuera del alcance de nuestras manos.
Francia se ha encargado de bajarnos de las nubes y hacernos darnos de bruces con la realidad para volver a cobijarnos en nuestras frases de antaño que siguen estando tan vigentes como aquel día del España-Italia y el codazo a Luis Enrique, o al partido de las axilas sudadas en el Mundial de Corea y Japón.
De todas formas y gracias al poder mediático la ilusión por nuestra selección, fundada o no, nos ha hecho sentirnos grandes por un momento, un destello de grandiosidad y magnificencia, que nos hizo pensar que podíamos conseguirlo todo. Tenemos que dar las gracias a estos poderes mediáticos y sobretodo a la selección por hacernos disfrutar estas semanas de Junio con la ilusión de ser más de lo que somos y hacernos soñar con nuestras mejores y mayores esperanzas. Hay que reconocer que hasta ahora nunca habíamos estado tan convencidos de la valía de nuestra selección, ni habíamos disfrutado tanto contando las monedas que íbamos a ganar vendiendo nuestra leche, como en el cuento de la lechera.
En fin, esta noche soñaremos con lo que pudo ser y no será, pero mañana disfrutaremos de nuevo con nuestra selección aunque sólo sea para criticar, minusvalorar y mentar, precisamente con no muy buenas palabras, a la familia del señor arbitro, chivo expiatorio de nuestras desdichas.
Y es que cuando mi madre me trajo al mundo, en el manual no ponía que ser Español era asín…